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La denominación que cruza fronteras: los vinos de Montilla-Moriles conquistan mesas de todo el mundo

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La denominación que cruza fronteras: los vinos de Montilla-Moriles conquistan mesas de todo el mundo

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Hay un momento en la carrera de cualquier denominación de origen en el que deja de ser un secreto bien guardado para convertirse en un referente reconocido más allá de sus fronteras naturales. Montilla-Moriles parece estar viviendo precisamente ese momento. Lo que durante décadas fue patrimonio casi exclusivo de la gastronomía andaluza y de un reducido círculo de aficionados europeos se está convirtiendo, con una velocidad que sorprende incluso a los propios productores, en un objeto de deseo para sumilleres, restauradores y coleccionistas de los cinco continentes.

Un cambio de percepción global

El punto de inflexión tiene varios orígenes simultáneos. Por un lado, el auge internacional de la cocina española de vanguardia abrió las puertas a vinos que, por su carácter oxidativo, su complejidad y su capacidad de maridaje con ingredientes complejos, resultaban perfectos acompañantes de propuestas gastronómicas rompedoras. Por otro, una nueva generación de sumilleres formados en escuelas internacionales descubrió en Montilla-Moriles una denominación capaz de ofrecer lo que el mercado de lujo más demanda: autenticidad, historia y escasez relativa.

Jonathan Kawamoto, sumiller jefe de un restaurante con dos estrellas Michelin en Tokio, recuerda con precisión el momento en que incorporó por primera vez un Amontillado de Montilla-Moriles a su carta. "Mis clientes japoneses son muy receptivos a los vinos de perfil oxidativo y umami. Cuando les ofrecí ese vino con un caldo de setas y trufa blanca, la reacción fue inmediata. Desde entonces tenemos siempre al menos tres referencias de la denominación en carta". La anécdota, lejos de ser excepcional, se repite con variantes similares en ciudades como Copenhague, Londres, Ciudad de México o Shanghái.

Las ferias internacionales como trampolín

La presencia de las bodegas de Montilla-Moriles en citas como Prowein en Düsseldorf, Vinitaly en Verona o la London Wine Fair ha crecido de manera sostenida en los últimos cinco años. El Consejo Regulador de la Denominación de Origen ha apostado por una estrategia de participación colectiva que permite a bodegas medianas y pequeñas acceder a estos escaparates sin asumir individualmente los elevados costes que implica la proyección internacional.

El resultado de esa apuesta se traduce en cifras: según datos del propio Consejo Regulador, las exportaciones de vinos amparados por la denominación crecieron un dieciocho por ciento en el último ejercicio disponible, con mercados emergentes como Estados Unidos, Japón y los países nórdicos encabezando el incremento. Alemania y el Reino Unido, mercados tradicionales para los vinos andaluces, mantienen su posición pero ceden protagonismo relativo frente a la irrupción de nuevos territorios.

Historias de éxito que inspiran al sector

Tres bodegas ilustran de manera especialmente elocuente este proceso de internacionalización. La primera es Alvear, la más antigua de Montilla, fundada en 1729, que lleva décadas exportando sus Pedro Ximénez y Finos a mercados europeos pero que en los últimos años ha intensificado su presencia en el mercado norteamericano con una estrategia centrada en la alta restauración y en importadores especializados en vinos de jerez y finos andaluces. Su Pedro Ximénez de añada aparece regularmente en las listas de mejores vinos dulces del mundo elaboradas por publicaciones especializadas de referencia.

La segunda historia pertenece a una escala completamente distinta. La bodega Cuevas del Becerro, un proyecto familiar de dimensión artesanal situado en las estribaciones de la sierra cordobesa, encontró en el mercado danés un nicho de compradores ávidos de vinos naturales y de mínima intervención. Su Fino sin filtrar, embotellado bajo flor en cantidades que no superan los tres mil ejemplares anuales, se agota cada cosecha antes incluso de que llegue a los lineales. El boca a boca entre sumilleres nórdicos ha resultado más eficaz que cualquier campaña publicitaria convencional.

El tercer ejemplo es el de Bodegas Robles, pionera en la producción ecológica dentro de la denominación y una de las primeras en articular un discurso de sostenibilidad coherente y verificable. En un mercado internacional donde la demanda de vinos ecológicos y biodinámicos no deja de crecer, la certificación orgánica se ha convertido en un pasaporte de acceso a distribuidores y restauradores que antes no habrían considerado incorporar una referencia andaluza a sus cartas.

El papel de los embajadores del vino

Detrás de cada historia de éxito internacional hay, casi siempre, una figura clave: el sumiller o el importador que decide creer en un vino antes de que el mercado lo respalde. En el caso de Montilla-Moriles, esos embajadores han surgido de lugares inesperados. La plataforma de formación online Wine Scholar Guild incluyó hace tres años un módulo específico sobre vinos del sur de España en el que la denominación cordobesa ocupa un espacio propio, independiente del marco jerezano con el que históricamente ha sido confundida. Ese reconocimiento académico ha contribuido a que una nueva generación de profesionales del vino llegue al mercado con una comprensión más matizada y precisa de lo que Montilla-Moriles representa.

Además, la labor de divulgación de críticos especializados como Tim Atkin, que en sus informes anuales sobre vinos de jerez y generosos andaluces dedica cada vez más espacio a las referencias de Montilla-Moriles, ha contribuido a elevar el perfil internacional de la denominación entre los coleccionistas anglosajones, un público de alto poder adquisitivo y notable influencia en la formación de tendencias globales.

Los retos de una proyección sostenible

El camino no está exento de dificultades. La pequeña dimensión de muchas bodegas de la denominación limita su capacidad de responder a pedidos internacionales de gran volumen sin comprometer la calidad o la disponibilidad para el mercado nacional. La logística de exportación, especialmente para mercados asiáticos donde las cadenas de frío no siempre están garantizadas, representa otro obstáculo que requiere inversión y planificación cuidadosa.

Sin embargo, quienes conocen de cerca la realidad de la denominación confían en que estos retos son manejables. "No aspiramos a convertirnos en una denominación de producción masiva", señala un directivo del Consejo Regulador. "Nuestra fortaleza es precisamente la singularidad y la limitación de la oferta. Un vino escaso, bien elaborado y con una historia genuina detrás siempre encontrará su lugar en el mundo".

Montilla-Moriles lleva siglos produciendo vinos que merecen ser conocidos más allá de la campiña cordobesa. El mundo, finalmente, parece estar prestando atención.

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